Reglas de juego en la aceleración de startups

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¿Puede un investigador ser el CEO de la startup que crea a partir de la tecnología que desarrolló? ¿Puede tener la mayoría accionaria? ¿Es compatible la investigación académica y la docencia universitaria con la participación accionaria en una startup?

Interrogantes como éstos son habituales en los entornos innovadores. Aunque precisan un análisis particular de cada situación, tienen que ver con las  reglas de juego en el ecosistema.

Las startups son empresas creadas a partir de la innovación. Basadas en alta intensidad tecnológica, comercializan desarrollos estratégicamente. Generan empleo de calidad y pagan salarios altos. Una vez creadas, por lo general  son incubadas en aceleradoras dentro de ecosistemas innovadores. El desarrollo de las startups requiere de equipos de personas con diferentes habilidades. Emprendedores, investigadores, inversores y gestores tecnológicos se encuentran e interactúan en el ecosistema innovador.

¿Puede el emprendedor ser parte de la patente de invención? Puede el inversor decidir sobre el licenciamiento de una patente en un mercado determinado? ¿El gestor tecnológico puede firmar un vesting agreement?

En un ecosistema innovador con cambios permanentes en los flujos de personas, información y bienes surgen espacios de riesgo donde emergen potenciales conflictos de intereses. Además de las personas, confluyen las instituciones. Los marcos institucionales de las oficinas de transferencia de tecnología, de organismos científicos, universidades y las aceleradoras.

En algunas ocasiones, el proceso innovador implica redefinir las reglas de juego. De un mercado, de una institución o de una tecnología. Las iniciativas disruptivas interpelan los marcos normativos. En otros casos, ocurre que los actores del ecosistema innovador no están familiarizados con prácticas de integridad. Tampoco, códigos de ética, directivas o buenas prácticas. Algunos, ven en mayores regulaciones potenciales obstáculos para el fluir de la innovación y aceleración de startup.

La transferencia de tecnología es uno de los espacios de riesgo que justifica el tratamiento específico de programas de integridad. Por casos como Theranos, en el proceso de generación e incubación de las startup la ética cumple un rol central. Existe evidencia que la cultura de corrupción corporativa tiene un efecto significativo en la mala conducta corporativa. El fraude contable, tecnológico, el retroceso de opciones y el uso de información privilegiada. Los efectos también son económicamente significativos (Liu, 2016).  

Estos son los motivos que justifican la necesidad de contar con prácticas de integridad en el ecosistema y en la estrategia de negocios de las startups. Orientar las conductas con comportamientos éticos en el entorno innovador e implementar programas de integridad, no sólo previene conductas corruptas. También, mejora la reputación de las empresas favoreciendo la inversión de capitales para el escalado.  

Ahora bien, la existencia de marcos regulatorios que incentiven la ética no garantiza el cambio de los hábitos en los negocios. Cumplir con estándares éticos y prácticas de integridad en la gobernanza de las startup no depende exclusivamente de la existencia de marcos normativos. La modificación en los comportamientos debe provenir desde la génesis de la innovación y bottom-up. Tiene que ver más con las conductas de sus actores en la manera de articular ciencia y negocios en un entorno innovador. Menos reglas escritas no significa que no se puedan cumplir estándares de integridad y confianza.

Existe evidencia que la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) ha generado el cuidado del ambiente y la protección de derechos humanos en los negocios  (Buhmann et al., 2019). De manera similar, incorporar programas de integridad en la génesis y en el proceso de creación de startup es la manera efectiva de que los actores del ecosistema incorporen ética en sus conductas.

Las startups están llamadas a liderar el cambio ético en la manera de hacer negocios. Los empresarios innovadores y emprendedores son una nueva generación de empresarios. Las startups nacen con una visión diferente del mercado. Desarrollan productos para mercados cada vez más exigentes y con consumidores sofisticados. Un comportamiento innovador ajustado a reglas éticas genera confianza en las cadenas de valor. A la vez, entornos más transparentes y competitivos.

Si además de innovación, las startup incorporan prácticas de integridad en el core de su negocio es posible no sólo mejorar su reputación, sino también crear ecosistemas confiables con reglas de juego transparentes.

Bibliografía