La Colmena

colmena y la innovación

Un espejo para el ecosistema innovador

Por Germán Stalker

Probablemente no exista en el planeta criatura alguna capaz de dar cuenta del espíritu de colaboración como el de las abejas. Una colmena es una colonia de individuos en la que no existe rey, patrón o gobernante que esté por encima de los miembros de la comunidad. Todas y cada una de las abejas cumplen funciones. Incluso la reina cuando pone sus huevos, lo hace de manera automática. Pero no dirige a la comunidad, excepto cuando se divide el enjambre. La división del trabajo es casi una perfección de la naturaleza.

La innovación nunca es un proceso aislado. Experiencias internacionales demuestran que cuando la vinculación entre ciencia y tecnología con la industria ocurre en ecosistemas tiene mayores probabilidades de impactar en la economía de una región. ¿Porqué? Porque una masa crítica de universidades y centros de investigación vinculados a empresas, gobiernos e inversores permite tener una mirada abarcativa y sistémica de la articulación. En un entorno común, se pueden establecer prioridades en función de demandas concretas, generar incentivos para orientar la investigación e incentivar vocaciones sobre temas que están en la frontera del conocimiento. En un contexto así, las startups se convierten en los vehículos para el desarrollo de tecnologías.

¿Cuáles son las características de un ecosistema innovador? ¿Cuáles son sus actores principales? ¿Cómo se interrelacionan?

Un ecosistema que junta a la ciencia, el capital, el estado y las empresas con el propósito que la industria capture los avances tecnológicos aprovecha mejor los recursos. Optimiza la infraestructura tecnológica, las fuentes de energía, el trabajo y el acceso al financiamiento. Reduce instancias burocráticas y coordina la vinculación tecnológica de manera horizontal. Por ejemplo, los clústers que se piensan para resolver problemas concretos, o que se agrupan por sectores industriales pueden facilitar las condiciones operativas para que las tecnologías pasen del laboratorio al prototipo. Luego, al producto. Finalmente, llegar al mercado.

Un ecosistema innovador no es como un parque industrial. Si bien, sus integrantes pueden compartir infraestructura y servicios, tiene diferencias. Una de ellas es que no necesariamente sus individuos tienen que estar localizados en el mismo territorio. Los avances de la economía digital permiten el desarrollo de ecosistemas innovadores agrupados por área del conocimiento que trabajan de manera remota. Desde diferentes regiones y países las cadenas de valor globales permiten la interacción entre emprendedores, científicos e inversores de manera colaborativa a través de plataformas digitales.

Además, las empresas no sólo optimizan insumos y reducen costos. También, incorporan la investigación y los desarrollos tecnológicos que se generan en universidades y centros científicos. Mediante las oficinas de vinculación de tecnología (OVT) y diferentes herramientas de vinculación, se generan capacidades para responder a los desafíos del entramado productivo. A su vez, científicos aprenden de la innovación generada en la producción. Allí, en el punto de contacto entre la demanda y la oferta de tecnología se produce la creación de valor.

En una colmena, al no tener la reina el rol de dirección, son las obreras las que dirigen a la colonia. En el entorno innovador se determina la vocación, las posibilidades y la definición de procesos tecnológicos con intereses similares. Pueden ser tan diversos como las personas que conviven. Pero se alinean en función de objetivo común: la innovación. La validación de las tecnologías, el desarrollo de mentorías, el testeo, la comercialización y el escalado de los productos. En definitiva, todo lo que pueda servir de utilidad para llevar una idea del laboratorio al mercado está dentro del mismo entorno. Los roles están definidos. Como en la colmena, las obreras dividen las tareas. Incluso, por supuesto las de la reina.

Un ecosistema emprendedor es un conjunto de instituciones, personas y condiciones que permiten el desarrollo de emprendimientos de base tecnológica. Actores, factores y relaciones que influyen en la fertilidad del ecosistema y su dinámica(Kantis, 2018:3). Entre sus componentes están los emprendedores, las empresas -grandes, medianas y pequeñas-, las universidades y centros de investigación, los investigadores, el estado, las fundaciones, los proveedores de servicio, los medios, las instituciones de educación y los inversores.

Los ecosistemas generan estímulos económicos. Incentivos y contextos con desafíos tecnológicos de comunes denominadores impulsan la innovación y los nuevos avances tecnológicos. En sí mismo, el ecosistema es un generador de condiciones para la innovación. Se retroalimenta.

Como en la colmena un ecosistema innovador es una colonia de individuos. Investigadores, emprendedores, inversores y gestores tecnológicos colaboran para la subsistencia del conjunto durante el invierno. Como en una colmena, el espíritu de colaboración es fundamental.

En unos meses llegará la primavera con los primeros calores. El ciclo de la naturaleza proveerá las condiciones para que nazcan flores con el alimento. La abeja exploradora hará su primera incursión para saber dónde está el mejor néctar de flores. A su regreso, mediante un lenguaje formado por danzas, indicará a las demás abejas la ubicación de la fuente de néctar. La colmena aumentará su población y se reproducirá.

Antes del verano, un enjambre de abejas se posará en alguna rama de un árbol para generar un nuevo ecosistema en el que no existe rey.

Bibliografía

  • CHESBROUGH, Henry (2006). “Open Innovation the New Imperative for creating and profiting from technology”. Harvard Business Press.
  • KANTIS, Hugo, (2018), “Mature and developing ecosystem: a comparative analysis from an evolutionary perspective” Working Paper, PRODEM.
  • OPPENHEIMER, Andrés, (2014). “Crear o Morir. La esperanza de Latinoamérica y las cinco claves de la innovación”. Debate.
  • ROOT, A.I. “El ABC y XYZ de la apicultura”, Editorial Hemisferio Sur, Buenos Aires, 1978.